Saltar la Cuerda
Vivir aislado es mi nueva costumbre.
Conectar, en principio, es sencillo:
—¡Hola, buen día!
Mas cruzar la barrera,
saltar la cuerda,
infiltrarme en la voluntad ajena:
¡Me paraliza!
De pequeño saltaba sin pensar:
—¡Un… dos… tres… fuego…
»Candela!
¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!
La intensidad se incrementaba
hasta que era imposible saltar,
hasta sentir la palabra candela.
También jugaba a ingresar al centro
mientras la cuerda estaba en movimiento,
ensayaba la forma de ajustarme…
al tempo de universos divergentes
y a levantarme tras tropezar;
intersecaba núcleos ajenos,
sin razonar.
Después de saludar a un mundo nuevo,
infinitas cuerdas vibran con cadencia exponencial,
procuran resguardar lo nuclear,
mas cada interacción disminuye mi energía,
cada latigazo, mi voluntad.
